Sinopsis
Prólogo
Ángel guardián
La preparación
Los mejores momentos
Por qué Dios me envió a la tierra
Lo que soy
La extraña joven
La segunda plaga
Mi familia
Mi historia
La preparación
El Génesis
El dolor o la felicidad?
El rostro borrado (primera parte)
El rostro borrado (segunda parte)
La amenaza
Presagio
Una tarde en la vida de la Muerte
El mundo dividido en dos
El recuerdo que jamás olvidaré
La oportunidad
El fin es solo el comienzo
Epílogo
El rostro borrado (primera parte)
Castiel


Me senté en una banca en el parque, una flor violeta de Jacaranda cayó lentamente hacia mi mano. Cerré mis ojos y el tiempo se detuvo, observé para todos lados, pero todo estaba detenido. La guerra se había tomado su tiempo, todo estaba en pausa. Yo controlaba eso, la flor de ese árbol era tan poderosa que controlaba el tiempo y todo allí.

Recordé como si fuera ayer, comenzaba a caminar herido, la sangre escurría de mí rostro lentamente, caía como aquella flor, el sol quemaba mis pupilas. Caminaba muy lento, cada pisada perforaba algo en mí interior. Luego de un par de horas de caminar, desaforadamente, la vi, vi a una joven de cabellos rojizos, su rostro estaba borrado, solo podía sentir que aquella persona me quería, pero dentro de su ser había dolor, caos, sufrimiento, inquietud y rebosaba odio. Un odio más fuerte que cualquier otro sentimiento en la vida, un odio muy poderoso, un odio que no valía la pena. Así es, era tan fuerte que destruía cualquier otro sentimiento encontrado dentro de sí.

Parpadeé un par de veces y oí el agua de una fuente comenzar a tomar conciencia del tiempo, las flores terminaban de caer sobre mí mano. El mundo comenzaba a girar nuevamente. Cerré mis ojos, en busca de alguna respuesta, eso necesitaba, necesitaba saber quién era esa dama a la cual yo quería y era correspondido. Algo había borrado ese recuerdo, algo poderoso. No sé bien qué sería capaz de borrar un recuerdo de un ángel, solo mi padre podría hacerlo, pero ¿qué ganaría Dios borrando el rostro de mí recuerdo?

Todo esto me estaba volviendo loco, podía recordar cada minúsculo detalle, pero no quien era esa dama a la cual amaba. Todo eso estaba hecho apropósito, pero no le encontraba sentido alguno. Muchas de las cosas que estaba viviendo, no tenían sentido alguno. Solamente, había alguien que podría ayudarme, pero pedirle ayuda hará que fuera de nueva cuenta castigado brutalmente. Quizás debía arriesgarme a sufrir esa tortura, había algo que me faltaba, ese rostro si llegaría a distinguirlo, cambiaría mí vida, cambiaría cada detalle de esta tal y como la conozco. Todo sería diferente, de un modo mejor. Eso es lo que esperaba, que la vida mejore. No comprendía lo que estaba sucediendo, pero me mantenía lleno de esperanza; la esperanza era la que me mantenía de pie.

Caminé hacia un jardín botánico y ahí lo decidí, decidí recordar ese rostro, busqué lo necesario para hacer un ritual y que la oscuridad, Tamara, me ayude a recordar, junté lo necesario y lo dije: "DETRE FAINA DIS, SOR CHA DI NA MI HOMUS DIS US MI, AYUM A DA".

Al decir tal ritual, apareció un viento negro, era visible, era tan visible que parecía ser más una neblina, que cubría toda una zona a mí lado, este viento fue formando lentamente su cuerpo. Era algo muy extraño de visualizar, ya había visto este tipo de cosas en el pasado, pero no me había imaginado que vería a un ser tan oscuro formarse delante de mí.

Tamara acomodó su vestido rojo con ambas manos, se veía suave y grueso al mismo tiempo. Ese atuendo era hecho con piel humana, los dientes de los leviatanes, las plumas de los ángeles y la sangre de los demonios; todo eso junto formaba el vestido de Tamara, aquello era una locura, no quería saber a cuantos habrá matado para conseguir lo necesario. Sin dudarlo se fue acercando a mí, me miraba fijamente, como si nunca me hubiera visto, pero sabía que ella me había visto antes.

Estaba seguro de que ella no esperaba que la trajera en un momento como este, ella estaba luchando, no esperaba que yo traicionara a mi padre, creo que yo tampoco lo había pensado hasta que lo hice.

No dije nada, esperaba que ella, por ser un ser superior me deje hacerlo luego que ella misma comenzara la conversación. No estaba pensando correctamente, quizás estaba cayendo en un mundo del que no saldría muy pronto.

No tenía idea si lo que estaba haciendo valía la pena, solo esperaba que me diera lo perdido. No esperaba mucho, solo algo que alguien me arrebató.

—Hola, Cass. —Sonrió sexy, de un modo que no había visto hasta ese preciso instante de mi vida—. ¿Por qué te atreves a llamarme?, ¿acaso tu padre no está enterado de tal incoherencia tuya? —Preguntó ella con el ceño fruncido, mientras daba unos pasos hacia adelante.

Me había puesto a pensar sus preguntas, pero luego supe que no me era necesario responder con toda sinceridad. La miré, no dije nada, seguí en silencio hasta que me pareció apropiado responderle.

—Cállate y escucha, él borró mí recuerdo y haré lo necesario para recuperarlo —Dije mirando sus hermosos ojos verdes, verde oscuro.

Ella imitó mi acción anterior, no me respondió hasta que encontró las palabras con las que deseaba responderme. Esa era una de sus características más notadas de la mujer, ladeó la cabeza oyendo cada una de mis palabras, pero al acabar siguió pensando, ella siempre estaba pensando.

—¿Lo qué sea?, ¿hasta deshonrar su fe? —Alzó una ceja sutilmente, siempre tenía solo una alzada—. Porque eso estás haciendo ahora, estás a mí lado, estás conmigo.

Ella tenía razón, sus palabras me demostraron eso. No estaba desacertada, sus palabras eran verdaderas. No podía creer que fuera cierto, estaba con la oscuridad, no estaba con mi padre. Lo había traicionado, era un ángel pecador por segunda vez en mi vida.

—Lo que sea, necesito tal recuerdo y ahora —Dije ignorante ante sus palabras.

—Bien, veré qué puedo hacer, pero ¿qué ganó yo? —Hizo un gesto con su rostro.

Ella esperaba algo a cambio, no podía creer, pero ¿qué podría querer ella de mí?

— ¿Tú?, tú, nada ¿acaso quieres algo que yo pueda darte? —Alcé una ceja, fruncí el ceño y ladeé mi cabeza—. ¿Qué quieres Tamara?

—Yo también quiero recuperar mis recuerdos, ¿acaso crees que eres el único que no recuerda un rostro borrado?

—No, no lo creo ¿y qué puedo hacer para recuperar tus recuerdos?, ahí está la respuesta, nada.

—Bien —Se acercó a mí y puso una mano en mi frente—. ¿Ya lo ves?

Estoy sentado en un parque, estoy cómodo y lleno de esperanza. Justo lo contrario a lo que estaba sucediendo en la realidad.

—Sí, lo veo, ahí está, me acercaré —Me acerco a la joven de rostro borrado, toco su hombro y esta se da vuelta—. No, no puedo, no funciona.

Aún no podía verla, la magia de Tamara era fuerte, pero no tanto como para recuperar mí recuerdo. Era imposible recordar ese evento, ese rostro.

—¿¡Qué!? No es posible —Suelta mí frente.

Volví a la normalidad.

—Gracias de todas formas. "DO MIS MA NA DU LA SA, PARA DI NOS VO MI".

—Chau, Cass —Cerró sus ojos y se hizo una nube negra.

La nube negra desapareció y comencé a caminar pensando en lo sucedido, ¿Dios habrá visto mí deshonra hacia él?

De golpe aparecí en el cielo.

Lo primero que visualicé allí, fue una gran espada de diamante por atravesar mi abdomen, me agaché antes de que sea tarde. La espada no me dio, me puse de pie y la tomé, observé a todos lados esperando que el causante se haga presente. Sucedió, pero no esperaba ver un demonio. Este se acercó con seguridad hacia mí, sabía que su espada no lo mataría, pero lo lastimaría, así que no lo dude y antes de que este pudiera atacar, le lancé la espada directo a su cráneo. Al caer al suelo, el demonio se retorció y me miró a los ojos; sus ojos color negro, su mirada borrada y el dolor del ser humano dentro. Todo eso me destruía.

—No eres más que un sin vergüenza —comentó con seguridad antes de desaparecer.

Traté de encontrar a mis hermanos, pero no lo logré. Comencé a desplazarme en la búsqueda de que algo bueno sucediera, observé a los demonios que estaban a punto de atacarme. Les dediqué una sonrisa y saqué mi espada. Estaba listo para atacar.

Uno de ellos se acercó con seguridad, vino corriendo con rapidez, me hizo pensar que no podría atacarlo, pero no pasó nada; él se detuvo enfrente de mí. Me dedicó una pequeña sonrisa y supe que me atacaría en cualquier momento.

—No puedo creer que un ángel haya traicionado a su padre, es completamente ridículo.

Lo miré a los ojos y negué con la cabeza, no era ridículo. Haber traicionado a mi padre era malo, pero lo había hecho por una causa, quería saber la verdad, recuperar mis recuerdos. Todo tenía un motivo, lo había hecho por algo.

—Un padre también traiciona a sus hijos.

El demonio me miró a los ojos, no esperaba mi respuesta, no hizo nada. Dio un paso al frente y asintió. Les negó a sus amigos y se largaron a atacar a otro ángel, hubiera preferido que me atacaran a mí.

No debí usar esas palabras, no debí hablar con ese demonio.

—¿Hermanos? —Pregunté en la búsqueda de alguno de mis hermanos.

Caminé decidido por el cielo, las alas de mis hermanos estaban pegadas en el suelo. Ya no había tiempo para sobrevivir, para ayudarlos. Necesitaba encontrarlos, pero me fue imposible, ese era el fin.

Me detuve al sentir una mano que me tomó del hombro, giré y observé a un nuevo demonio. Este me miró y no me atacó, supuse que aquello fue por el otro demonio. Alcé la mirada y esperé que dijera algo.

—Un ángel del señor está en medio de una guerra, eso no tiene mucho sentido.

Lo miré con el ceño fruncido al oír lo que salió de los labios del demonio. Solté una risita divertida y no dije nada, pensé qué debería decir.

—No creo que eso no tenga sentido, es más lo tiene, piensa bien, yo creo que el que no debería estar aquí son los demonios —dije con una gran sonrisa sobre mis labios, era cierto, pero luego agregué—, después de todo, esto es el cielo, no el infierno.

El demonio asintió, estaba enojado, eso se notaba a la perfección.

—Tu reputación te precede, Castiel.

Alcé ambas cejas.

—¿Mi reputación? —Pregunté sin comprender aquello.

El demonio prendió sus ojos, eran oscuros, estaban negros.

—Sí, estar con la oscuridad más de una vez, tener un…

—¿Tener un? —Pregunté con el ceño fruncido cuando se quedó mudo.

El demonio cambió sus ojos, se volvieron humanos. Tomó su abdomen y cayó al suelo.

No comprendí lo que había sucedido hasta que Abel se hizo presente. Me miró directamente a los ojos y me quedé estupefacto, no comprendí nada. Estaba perdido y quería saber lo que ese demonio me iba a decir, pero no me lo llegó a decir.

—Lo mataste… —Susurré viendo al ser humano muerto.

© Byther Sarrafoglu,
книга «El ángel pecador».
El rostro borrado (segunda parte)
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