Prólogo
Capitulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo IV
Otra vez me despertó el SMS.

 -Ha llegado tu hora-

Cada vez se me hacía más difícil entender los mensajes, aumentaban las incógnitas. Mi hora ¿de que? No tenía por donde tirar así que me centro en lo importante ¿Porqué entonces Juan se suicidaría?. Lo estuve pensando mientras desayunaba fuí repasando los motivos que podía tener Juan para hacer lo que hizo. El siempre sacó buenas notas. Aunque no tuvo muchos amigos,  tenía una familia que le quería, aunque su padre no lo demostrase… en fin… No cuadraba que se suicidara. Lo que hacía esas tardes era lo importante, ¿Qué hacía Juan por las tardes?

Durante el trayecto a la escuela me encontré con unas jóvenes que pasaban por allí.

Hola, ¿Quieres unirte a nuestro grupo?-Me preguntó ansiosa-

-¿Un grupo? ¿De que? si se puede saber, ven a comprobarlo esta tarde a las seis, en el número 4 de la calle Gibson -me explicó-

-Perfecto allí estaré-le respondí entusiasmado-

¿Era ese el grupo del que hablaban los padres de Juan? Concordaba la hora y además era un lugar cercano. Ahora hay que descubrir de qué trata ese grupo, y cuál es esa "iglesia" de la que hablaba Juan.

Al llegar al Instituto puse al día a Carlos, quedó perplejo al ver la suerte que había tenido, aunque me advirtió de que podía no ser tan amigable aquella gente. 

La verdad es que esas palabras me hicieron pensar, si realmente ir a ese grupo le había hecho suicidarse, no debía ser un buen sitio en el que estar.

No había mucho más que hacer simplemente armarse de voluntad y quitarse el miedo, para conseguir desvelar el misterio. Durante las clases no me pude centrar, íbamos a desvelar todo, todo iba a cobrar sentido íbamos a resolver el caso que ha nadie al parecer, se molestó en investigarlo. De un día a otro todas las piezas encajaron. 

Entonces recordé el mensaje, hoy era mi hora. Algo importante pasaba hoy. 

Al salir del Instituto pare a Carlos antes de que comenzáramos el trayecto hacia la reunión secreta.

-Creo que esto es una trampa, no deberíamos ir-

-Pero qué dices, estamos a punto de descubrirlo!-

-No. Esta mañana me llegó otro SMS. En el cual me decían que era mi hora, el del SMS, me decía que hoy iba a pasar algo y ese algo creo que es el ir allí. Lo tienen planeado, todo está previsto es una trampa.Ellos quieren que vayamos, y por eso no lo vamos a hacer, verdad?-

-Valee, pero esto no se va ha quedar así.-

-Y tanto que no, sabemos el sitio y la hora en la que está ocupado además de conocer a dos chicas que probablemente participan en ese grupo. Agradezco tu confianza en mis sospechas, entiendo que puede que simplemente sea un grupo de jóvenes y punto, pero si Juan mentía a dónde iba era porque nada bueno haría, y además si me amenazaron, no creo que pensaran querer pasar un buen rato.Cuando llegue a casa te enviaré un mensaje con una idea para pillarles, sin que ellos lo sepan.-Dije dando por finalizada la conversación-

Bien sabíamos ya muchas cosas de ese grupo. Ahora tocaba utilizarlas a nuestro favor. Esta noche tendremos que acercarnos al sitio, pero no a cualquier hora. A las 10 de la noche, a esa hora difícilmente quedaría nadie. Teniendo en cuenta que sus reuniones son a las 18 horas, probablemente a las 22 horas ya estén en sus casas. Ese será nuestro momento. Primero nos acercaremos para ver el sitio. Y intentaremos entrar, o por lo menos asomarnos para ver que hay dentro de la "iglesia". 

Al llegar a casa le envié el mensaje explicando cada detalle del plan y los utensilios necesarios. Me costó convencer a mis padres, pero al final conseguí salir a la hora correcta. Después de robarles unas cuantas herramientas a mi padre. Me dirigí hacia el lugar. Allí me encontré con Carlos y nos quedamos perplejos al ver que es lo que teníamos ante nuestros ojos. Era un descampado. No había ningún edificio, era como yo imaginaba una trampa muy bien hecha, estaba todo planeado para pillarnos, ellos iban un paso por delante de nosotros, y había que remediarlo.

-No importa, no nos vamos a rendir estamos cerca y lo descubriremos mañana. Es sábado y no hay clase, un gran día. Te prometo que llegaremos hasta el fondo del asunto.- le dije para subir los ánimos-

- Tranquilo confío en ti, yo mientras investigaré sobre este grupo, haber si alguien lo conoce-

Volvía a casa triste, por la perdida de tiempo, pero por otra parte contento de haber pillado las intenciones del escritor de SMS. Cuando llegó a casa dejo las herramientas en su sitio y se metió en la cama, prometiéndose que mañana avanzaría. Él sabía que le iba tocar trabajar mucho, pero sentía que podía ganar. Sentía que conocería en persona a el de los SMS, y acabaría en la cárcel. Por un momento se interrumpieron sus pensamientos, al darse cuenta de que esto se parecía a una de sus series favoritas, una serie de detectives policiales, que resolvían casos. Y entendió de donde venía esa atracción por resolver el caso. Pero tal vez era eso lo que le motivaba, pero sabía que igualmente era importante resolverlo, sentía que no podía dejar impune el suicidio de Juan. Carecería de sentido, y solo hay una cosa que duela más que un suicidio,  que es un suicidio sin motivo.

© Héctor Palomino,
книга «La única solución».
Коментарі