Prólogo
Capitulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capitulo I
Irrumpió en mi habitación, como ya era costumbre. Me despertó con la famosa frase de las mañanas. Mi madre lo hacía todas las mañanas, casi como un robot llegada la hora entraba y me decía que era la hora de levantarse. Yo cómo de costumbre no respondí. Simplemente seguí durmiendo, fueron los rayos del sol que se filtraban por la ventana los que me obligaron a abrir los ojos. Aunque me costó acostumbrarme a la luz, acabé abriendo los ojos por completo, llegó el problema cuando me comencé a enderezar, fue ahí cuando la atracción de la cama me produjo efecto y volví a acostarme, pero mi madre me recordó lo que tenía que hacer esta vez desde la cocina. Mientras asimilaba que me tenía que levantar, escuché la vibración de mi teléfono, era un SMS de un número oculto. Me resultó muy extraño que alguien continúe utilizando el SMS, pero más extraño era el mensaje de su interior: -Fue culpa tuya-. Un mensaje sin sentido alguno. Lo ignoré y me dispuse a ir a desayunar. Me senté en la silla, encendí el televisor y revise que hacían en la televisión. Al ver que nada me llamaba la atención, dejé las noticias, pues aunque no  soy lo  que se dice un amante de las noticias, si que me gustaba mantenerme informado de vez en cuando.  Al fin y al cabo era un buen entretenimiento. Comencé a tomarme los cereales poco a poco mientras escuchaba la última discusión entre políticos, pero fue entonces cuando de golpe cambió de noticia. Una noticia además que no tenía que ver con la política, no sólo eso me llamó la atención si no también que mencionaran mi Instituto. Miré el televisor y vi entonces el rostro de Juan, un compañero de clase junto con el titular: -Un joven se suicida sin motivo aparente-. Todo cobraba sentido. El SMS era por la muerte de Juan. Alguien pensaba que fue mi culpa. Algo poco entendible, ya que apenas le conocía. Luego me acabé el desayuno, mientras pensaba cual podría ser el motivo de que una persona como él se suicidara, que pasaba por su cabeza y que conexión existía conmigo. Aparentemente no tenía ningún problema en clase, tampoco en casa sus padres, parecían la mar de normales. Y Juan venía siempre contento al Instituto. También es verdad que él era un chico callado, tal vez ocultara sus sentimientos, pero que podría ocultar para suicidarse. El día anterior no noté nada raro en él, lo poco que hablé con Juan, parecía que estaba tranquilo. Sentía que algo se me escapaba, seguí cavilando camino al Instituto. Cuando entré en clase, no noté ninguna diferencia a otros dias. Parecía que a nadie le importaba. Lo único diferente fue una charla que nos dió el director a primera hora hablando de lo buen alumno que era Juan y lo triste de su muerte. Durante el descanso, entre clases, nadie parecía estar dolido ni lo más mínimo, aunque todo el mundo sabía quién era, nadie le conocía lo suficiente como para echarle de menos, nadie excepto Carlos, el mejor amigo de Juan, que casualmente ese día había faltado al Instituto. Durante el día varios profesores nos hablaron del suicidio, que no era la solución y que había otras maneras de acabar con los problemas, que habláramos con nuestros padres y todo ese rollo. Sinceramente a mí me daba igual, yo no creía necesario que lo dijeran al fin y al cabo, yo no pienso suicidarme. Al acabar el Instituto fuí directo a casa de Carlos, haber si él podría decirme algo más sobre Juan y el porque de su suicidio.


Al llamar a la puerta apareció un hombre de cuarenta y tantos,que probablemente fuera su padre, entonces le pregunté si estaba Carlos y asintió con la cabeza mientras me invitaba a pasar. Su padre señaló una puerta al fondo del pasillo, me dirigí a ella mientras observaba los cuadros que tenían colgados de la comunión de Carlos y la boda de sus padres. Al llegar a la puerta toque dos veces, al ver que no había respuesta, me dispuse a entrar. Al abrir vi a carlos tendido en la cama, levantó la mirada y fue entonces cuando pude contemplar sus ojos húmedos por las lágrimas, debido a la muerte de su amigo. 

-¿Qué haces aquí?-me pregunto extrañado, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos con la manga de su camiseta.- 

-He venido para preguntarte si sabías porque se suicidó Juan-.

-Tú no eres policía no tengo porqué decirte nada.-me dijo con desprecio- Además tú apenas le conocías-.

-Pero está mañana me llegó un mensaje en el que me inculpaban por su suicidio y quiero saber si es verdad que tuve algo que ver-. 

-Yo solo sé que por las tardes allá a las 18:00 siempre se iba corriendo a algún sitio y se ponía nervioso si llegaba tarde. 

-Sabes a dónde podía ir?

-Cuando se lo preguntaba siempre me ponía excusas o simplemente me decía que eran temas personales-.

-¿Que extraño?-

Cada vez brotaban más preguntas en torno a Juan, que misterio podía guardar un joven de 15 años.

Estuve un rato más con Carlos, entreteniendole para que se olvidara un rato del acontecimiento tan fatídico ocurrido.

Cuando me di cuenta, ya eran las diez de la noche, y tenía que estar en casa. Mi padre me echó un puro tremendo, pero yo no podía pensar en otra cosa. ¿Quién sería el autor del mensaje?¿A donde se iba Juan por las tardes?¿Que tengo que ver con este suicidio?

Seguía formulandome preguntas en la cama. 



© Héctor Palomino,
книга «La única solución».
Коментарі