Capitulo 1: Cuando la noche sale.
Capitulo 2: El primer aviso.
Capitulo 3: Las noticias.
Capitulo 4: Gritos de niños.
Capitulo 5: Como una pesadilla...
Capitulo 6: Otro día de lluvia.
Capitulo 7: La calma.
Capitulo 8: Es hora de irse.
Capitulo 7: La calma.
"Es gracioso ver cómo te esfuerzas por alguien que amas. Es gracioso que al inicio de todo esto, estabas tan asustado que no podías estar solo en alguna habitación... Espera, eso era cuando eras un niño, ahora eres un preadolescente."

"Cuando eras pequeño siempre llorabas o huias cuando te equivocabas, eras débil, sumiso, y cobarde. Todos los demás niños se te molestaban, agredían, y se burlaban de ti por ser así. Pudistes haberte quejado, pudistes haber echo algo para mejorar tu situación, podías decir "Dejen de molestarme", pero no hicistes nada. Solo te sentaban en tu lugar, y sonreías."

"Siempre pensé que eras estúpido por no hacer nada, pero al final lo entendí. Sabías que, si sonreías, ellos arderían en rabia, ya que ellos te molestaban por qué tú siempre lucías feliz. Pese a ser acosado por tus compañeros a diario, nunca dejabas de sonreír. No lograban quitarte esa sonrisa que aquellos niños odiaban."

"Aún llorabas, aún huias, pero nunca te rendias, siempre seguías aún que las cosas no fueran como esperabas. Durante la primaria solo tenías a una amiga, y era la única que necesitabas. Ella siempre estuvo contigo y te ayudo en todo. Te defendía cuando tus compañeros te agredían, te defendía cuando se burlaban de ti, y te consolaba cuando llorabas por tus errores."

"Y tú hermanita. Tu querida hermanita. Cuando volvías a casa ella siempre corría ha abrazarte. Te veía como un ejemplo a seguir, y lo sigue haciendo. Nunca asistieron a la misma escuela, y de cualquier forma, tu ibas a pasar a secundaria. Aún así, te aseguraste de que nadie le hiciera nada a tu hermanita."

"Eres de esas personas. No te importa lo que te hagan a ti, pero no soportas ver cómo dañan a alguien de tu familia y pierdes el control."

—¿Por qué me cuentas esto?—

"... Siempre que ves a Nanami ves a tu pequeño yo. La necesidad de protegerla llega con fuerza a tu alma y te impulsa a esforzarte por ella. Dejastes de llorar y huir de tus error y comenzante a corregirlo. No permitias que nadie molestara a tus amigos. Te volviste alguien totalmente diferente en la secundaria, y eso, fue gracias a tu hermanita"

"Un hermano siempre tiene que proteger a sus hermanos menores. Así que, protege a tu hermanita con tu vida."

—¿Pero quién eres? No eres mi conciencia, ¿Cierto?—

"No soy algo que puedas comprender, pero si de entender, al menos un poco. Se podría decir que soy tu otro yo."

—¿Mi otro yo?—

"Si, tu otro yo. Escucha, el miedo alimenta a las pesadillas, ellas ocupan del miedo para seguir vivas. La cosa negra que te atacó el otro día, no era una pesadilla, era un corrupto."

"Las pesadillas son criaturas echas de sombra, las cuales no son capaces de hacer daño físico, pero si sicológico. Normalmente tratan de llevar a sus prepas al suicidio, o en lo mejor de los casos, a la muerte por infarto."

"Los corruptos son entidades capaces de hacer daño físico. Matarlas resulta una tarea suicida. Si no te hubiera ayudado cuando peleaste con esa cosa, hubieras muerto."

"El fin. Será mejor que despiertes. Algo se está acercando..."

—¿Algo? ¿Que quieres decir con eso?—

—¡Isaac!—

Abrí los ojos. Mi respiración estaba agitada, y mis sentidos se apagaron por un segundo. Me había quedado dormido en el sofá sin darme. A mí lado, Nanami me había despertado.

—¿Que paso?—Pregunte sin saber nada.

—La lavadora ya terminó de secar la ropa—Responde mientras señala al sótano.

—Es verdad. Estaba lavando ropa—Me dije a mi mismo.—Gracias por despertarme—Elogie.

Ella sonrió dulcemente antes de sentarse, y mientras ella se sentaba, yo bajaba al sótano.
Recientemente habíamos despejado aquel lugar. Hubiera Sido mejor no bajar al sótano... Ahí, fue donde encontramos a nuestros padres, ambos colgados del cuello por una cuerda atada en el techo.

También encontramos que, las estanterías y algunas cajas, estaban repletas de comida. Y nosotros aquí pasando hablen. Bueno, no exactamente pasando hambre, pero me entienden.

Saque los cuerpos de nuestros padres y le dimos un entierro decente en nuestro patio tracero. No pudimos evitar llorar, después de todo, son nuestros padres, era obvio que terminaríamos llorando por ellos.

Eche la ropa a un canasto, para luego, llevarla al patio tracero. Ahí, y con ayuda de unos tendederos, colgué la ropa para que se secaran. Mis respetos para mí difunta madre. Ahora veo que lavar ropa es mucho más complicado de lo que me imaginaba.

Me senté en las pequeñas escaleras del patio tracero. Estaba contemplando el cielo azul. Era brillante, relajante, y tranquilo. Con esa vista del cielo mis pensamientos se dejaron llevar por lo que sentía en el momento.

Últimamente paso mucho tiempo pegado a Nanami. Si no estamos abrazados, estamos relativamente cerca el uno del otro. También he visto que en ocasiones se comporta de manera extraña cuando estoy con ella.

—Isaac—

Hablando de la reina de Roma. Nanami llega y me abraza por la espalda.

—Hola princesa. ¿Tienes hambre?—Supuse.

—No—Responde.

Se separa de mi mientras solo para sentarse entre medio de mis piernas. Enrede mis brazos alrededor de su cintura mientras pegaba su cuerpo con el mío. Fue un reflejo natural. Ella parecía estar contenta. Levantó su mirada hasta poder verme directamente a los ojos.

Nanami tenía una sonrisa alegre, la cual se me contagio al instante. Aparte de su sonrisa, se podía ver qué estaba sonrojada, y cuando se dió cuenta de eso, apartó su mirada.

—¿No estás un poco grande para que te mime?—Le pregunte.

—Es que... Me gusta estar contigo, y también que medes cariñito—Responde con una voz más aguda de lo normal.

—No tienes remedio—Dije mientras la abrazaba con más fuerza.

Apoyé mi barbilla sobre la cabeza de Nanami, mientras ella, con sus pequeñas manos, pellizcaba y estiraba mis mejillas de forma delicada para que no me doliera.

Una esces cómica, tierna, y adorable. Cualquiera que nos viera diría que somos muy unidos, o que nos vemos muy lindos conviviendo juntos.

—El día está bonito, ¿No lo crees?—Pregunta Nanami.

—Si, está muy bonito. En otras circunstancias te hubiera llevado a comprar un helado—Respondi.

—¿Enserio? Que mal. Me hubiera gustado ir por uno—Dice tontamente.

—A mi también—Concuerde con una sonrisa.

Estuvimos durante algún tiempo observando el cielo. Por fin teníamos un día de descanso para nuestros corazones. La paz y calma que se sentía era abrumadora. Tal vez Nanami no se de cuenta de lo que pasa, pero yo lo sé bien.

Esto es como la calma antes de la tormenta. Cuando la felicidad se acaba, siempre huele a sangre. Es algo que aprendí hace tiempo.
Recuerdo... Recuerdo que había alguien más. Alguien que siempre me apoyo en todo. Espero recordar de quién se trataba.

(En alguna parte).

La niña rubia de ojos esmeralda, estaba parada en el borde de un alto edificio. Mirando la caída de 30 metros que le esperaba, recordaba los mejores momentos de su vida. Aún que ella no quería hacerlo, sabía bien que no había vuelta atrás. Prefería morir antes que seguir soportando la tortura mental que esas cosas provocaban.

La chica vestía con un pantalón de mezclilla que estaba un poco ajustado. Su blusa era color blanca, dejando los hombros al descubierto.

Tomando, lo que ella cree, es su último bocado de aire, se prepara para dar un caso hacia la nada.

—¿Es esto lo que quieres?"—Le pregunta una voz masculina.

La chica, sorprendida, cae de espalda hacia la azotea del edificio, salvando su vida.

—¿Que fue eso?—Se pregunta así misma.

—Atras—Le dice la misma voz.

La chica se levantó, volteando a ver hacía atrás. A un lado de la puerta, estaba un hombre de más o menos 27 años, vestido con una camisa de cuadros y un pantalón de mezclilla con las rodillas peladas. En su espalda colgaba una mochila marrón junto a una escopeta de dos cañones.

El hombre tenía el cabello y los ojos de color marrón, con un poco de barba creciendo le. Su piel monera clara estaba algo bronceada. La chica lo reconoció al instante.

—¿Profesor Édgar? ¿Que haces aquí?—Pregunto la chica.

—Lo mismo te estaba por preguntar, Lili—Contesta el profesor.

—¿No es obvio? Estaba por aventarme del edificio—Menciona Lili.

—Eso ya lo sé. Pero lo que quiero saber es el motivo—Especifica Édgar.

Lili mira hacía el lado derecho mientras pene cara de tristeza e irá.

—Todos están muertos. Mis padres y amigos también lo están. Además... ¡Ya no aguanto está mierda!—Exclama mientras pataleta con fuerza.

—Se siento horrible, ¿Cierto?—Dice Édgar.—Yo perdí a mi esposa y a mis dos hijas. Perdí a mucha amigos y a mi familia. Es deprimente ser el único que queda. Pero quitarse la vida no es la mejor forma de solucionar los problemas—Explica.

—Entonces... ¿Que debería hacer?—Pregunta sin alguna motivación.

—Esobes algo que también me preguntó...—Le responde Édgar.

Se quedaron callados durante unos segundos, pero el silencio fue interrumpido por un brumoso sonido que resonaba por toda la ciudad.

—Esa cosa sigue ahí abajo—Se dice Edgar.

—¿A qué te refieres?—Le pregunta Lili.

—¿Cómo explicarlo? Es algo que tendrías que ver para creer—Responde mientras se descuelga el arma y la sostiene en sus manos.

—A este punto, ya me creo cualquier cosa—Dice tratando de sonar graciosa, pero sin conseguirlo.

Aquel ruido brumoso dejo de sonar, dejando un silencio en toda la ciudad. Todo estaba tranquilo. Pero esa tranquilidad se acaba cuando un fuerte silbido, como si algo cortará el cielo, resonará en toda la ciudad.
© naruto1250 ,
книга «Mi Querida Hermanita».
Capitulo 8: Es hora de irse.
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