Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 4
—¿Como ha sido la reunión de anoche?— Me atajó Verónica en la recepción.

—Maravillosa.

— He visto las fotos en las redes sociales, ese Pedro es muy guapo.

—Bastante.— Respondí cortante.

—¿Que tienes?

—Nada, estoy un poco resfriada por la lluvia de anoche, tengo trabajo.

—¿Almorzamos?

—Si, claro.

Mi cubículo de trabajo estaba limpio y ordenado. Me gustaba así y lo agradecí con un suspiro, sobretodo cuando tenia la mente, las emociones y los sentimientos revueltos.

—Estas rara, cuentame ¿Como te fue anoche?

—Pero hombre, que no sabes saludar, me has pegado un susto.

Gonzalo soltó una carcajada y se sentó en la esquina de mi escritorio con los brazos cruzados esbozando una gran sonrisa.

— Conociste a alguien.

— No, ¿Qué dices? No. — Negué nerviosa.

—Si, lo has hecho. Cuentame, no es algo de otro mundo, es saludable que te guste alguien, tal vez te sientas desorientada porque quizás no lo experimentabas hacía mucho tiempo, pero creeme es completamente normal.

—Está bien— Suspiré con resignación ante su discurso terapéutico— Conocí a alguien anoche. Lo entrevisté y me pareció un hombre distinto a cualquiera que hubiese conocido.

—Y ahora no te lo puedes sacar de la cabeza.

—No.

—¿Volverás a verlo?

—Si, el fin de semana. Es hermano de Ana Paula y hay un plan grupal.

—¿Pedro Válverde?

—¿Que sabes sobre él?

—Es un empresario bastante exitoso y reconocido, dueño de una multinacional, no quiero asustarte, pero solía ser muy mujeriego, nunca se le conoció novia alguna. Al menos no que yo sepa. Y trabajo en este medio desde hace muchos años.

—No me imaginaba que la familia de Ana Paula fuera tan adinerada. — Pensé en voz alta— Anoche le hice muchas preguntas.. Aún necesito material para el artículo que ella me pidió que hiciera sobre su hermano, lo conseguiré en el club.

—¿Cómo así?

—Pues si, Ana Paula tiene un vínculo que yo desconocía con el señor Uzcategui y va a mover sus influencias para publicar ese artículo.

—Eso déjamelo a mí, soy el de economía ¿Recuerdas?

—Gracias— Le Sonreí

—Me gusta verte así, Lucía.

—¿Como?

—Que te guste alguién. Eres tan apática con los hombres.

—¡Dios santo, Gonzalo! ¡Que cosas dices! — Suspiré y cambié el tema— ¿Cómo va lo de tu boda?

—Pues bastante bien, estamos muy contentos.

—¿Cómo supiste que Vanessa era la indicada? —Le pregunté de repente con curiosidad.

—No lo supe de inmediato, siempre sentí que había algo en ella que yo necesitaba. Me di cuenta de que no era algo, era ella todo lo que yo necesitaba.

Lo miré con admiración y ternura, Vanessa era muy afortunada de tener un prometido como Gonzalo, habíamos trabajado juntos hacía ya más de un año y lo conocía lo suficiente para saber que era un hombre maravilloso.

Al final de la tarde mientras conducía a casa, me detuve en un supermercado, tenía muchas ansías de preparar algún postre, cocinar era una de mis aficiones favoritas. Llegué a casa y preparé un Chessecake de chocolate. Me recosté en el diván que tenía junto al ventanal con un trozo de tarta, una limonada fría y el nuevo libro de Iñaki del Toro quien después de entrevistarlo se convirtió en mi escritor favorito.

La reunión del fin de semana me tenía algo ansiosa, cuando recordaba a Pedro algo se inquietaba dentro de mí, sin duda este hombre me había sacudido. Nunca fui de las chicas que se enamoran a primera a vista ni mucho menos, pero Pedro Válverde había removido en mí algo que creía muerto y ahora quería saber más de él, pero no tenía intención de que Ana Paula se percatara de eso, prefería dejarlo como algo platónico y poco a poco olvidarme del asunto.

En la mañana, después de una ducha fría, vestir pantalones negros, zapatos de tacón del mismo color y una blusa camisera blanca, desayuné panqués de quinoa y miel con arándanos y fresas, y una taza de café caliente. Tomé 2 porciones del Chessecake y los metí por separado en envases de plástico, le había prometido a Verónica compartir una porción con ella cada vez que lo preparaba. Tomé mis lláves, bolso, iphone, el blazer negro, los guantes y crucé la bufanda dorada por mi cuello.

Conducir por las calles de Madrid siempre era entretenido, una arquitectura que admirar, una nueva boutique o algún nuevo café por visitar. Me encantaba ver el paso de los peatones apresurados por llegar al trabajo o dejar los niños en sus colegios, el aroma a café expresso mañanero que me inundaba y pocas veces percibía con claridad de donde provenía. Amaba Madrid, en Santiago de Compostela todo era distinto, tenía el mar a pocos minutos y las calles y playas siempre estaban llenas de turistas casi toda la mayoría del año. Amaba recorrer las costas, su frescura, el aroma salino y encontrar montones de pescaderías con los mejores pescados frescos, calamares, mariscos y diversidades de platillos, que eran mis favoritos. Sentí nostalgia en ese momento evocando mis raíces culturales, sacudí mi cabeza y apreté el volante con fuerza, un hilo de amargura había subido a mi garganta repentinamente, metí el auto en el estacionamiento del colosal edificio de El Notidiario y crucé la calle, hacía un poco de frío. Entré en la cafetería tras un campanazo y me acerqué al mostrador; pedí 2 lattes, 2 croissans de queso de cabra y un brownie.

Ese hilo de amargura en mi garganta debía ser desarraigado o yo estallaría a llorar. Mi boca se hizo agua al pensar en el brownie que llevaba en la bolsa de papel y eso me distrajo de las lágrimas. Saludé y di los buenos días por aquí y por allá hasta que me encontré frente a frente con Verónica en el panel de la recepción.

—Buenos Días— Le dije sonriendo.

—Buenos Días, Mujer. ¿Pero que traes allí?

—Chessecake de chocolate que tanto te gusta, un croissan de queso de cabra y un latte.

—Has cumplido tu promesa— Me dijo sonriendo

—Si, lo hice— Sonreí y me despedí con una mano.

Caminé hacía el ascensor y pulsé el botón, enseguida me rodearon varias personas con el mismo objetivo que yo de entrar al ascensor, saludé a un par de ellas. Mi iphone empezó a campanear y subí el mismo a mi oreja; solían llamarme todo tipo de personas ofreciendo sus productos, servicios, talentos, incluso sus mascotas con algún talento o alguna rara proeza por un espacio en mi artículo, pero no era yo quien seleccionaba, no tenía esa disposición ni libertad. Mientras guardaba el iphone en el bolso, el hilo en mi garganta se hizo más grueso, alcé los ojos y ya habíamos llegado al piso donde se encontraba mi cubículo. Me deslicé con presteza por el umbral del ascensor pavoneándome por el ancho pasillo una vez más, dando buenos días por aquí y por allá. A veces me sentía tan orgullosa de ser parte de El Notidiario pues ocupaba un lugar privilegiado y envidiado al mismo tiempo, pero los frutos que ahora cosechaba habían sido sin duda producto de duro y arduo trabajo; nada había sido fácil. Podía ver la luz del sol resplandecer con fuerza a través de los anchos ventanales de cristal de nuestro amplio piso de trabajo, amaba ese paisaje matutino, me hacía sentir tan plena, como si me revitalizara. Sentí un inexplicable remanso de paz y el nudo en mi garganta desapareció.

—Estas guapísima— Escuché una voz familiar detrás de mi.

Me detuve y di media vuelta, era Ana Paula fresca, sonriente y risueña como siempre.

—Tu también lo estás. ¿Que haces aquí?— Respondí mirándola sin evitar sonreír.

—Vine por lo del articulo, acabo de hablar con Don Lorenzo— Respondió.

—¿Que te ha dicho?

—Pues que tú te ocuparás y que tendremos una aparición especial en el espacio de Economía y de Sociales o Farándula.

—Que gusto. Sabia que no se resistiría.

Caminamos hacía mi cubículo

—Quería invitarte a almorzar como agradecimiento por lo que has hecho, impresionaste a mi hermano y nos has inspirado para el evento del fin de semana.

—No es nada, no me negaría a ayudarte. Además disfrute muchísimo la reunión, la velada y la comida estuvo inolvidable. Estuviste fantástica. ¿Que le pareció el reloj?

—Le encantó, pues son muy raros de conseguir.

—Pues fue un privilegio para mí ayudarte, me hace muy feliz.. ¿Y a qué los he inspirado exactamente?

— Pues hicimos un ligero cambio de planes, hemos hecho un itinerario de diversas actividades para todo el fin de semana en el Club. Habrá un torneo de polo y algunos amigos han venido desde muy lejos para participar. Han reinaugurado el campo de golf, habrá fútbol en el campus, tenis, invitamos un grupo musical para ambas noches y un gran bufé muy diverso con platillos nacionales e internacionales.

—Suena impresionante, tendré que renovar mi membresia— Bromeé porque no tenía ninguna.

—¿Membresia? Te haré miembro VIP, Pedro y yo somos los propietarios. Tenemos muchísimos miembros y asociados. El había estado planeando este evento desde hacía mucho tiempo. Quiere fortalecer sus vínculos sociales y empresariales aquí en España.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—¿Decirte qué?

—Que eras la dueña del club, pensé que eras un miembro más o que tenías alguna membresía especial, no sé.

—Trato estos asuntos con discreción, pero eres de la familia ahora. Y necesito que hagas otro artículo. Estarán otros periodistas de otros periódicos y de televisión, pero tú tendrás la exclusiva y ellos las migajas.

—Gonzalo tiene que ir.

—¿Quién es Gonzalo?

—Yo soy Gonzalo— Respondió él mismo apareciendo de repente, dándonos un susto a las dos.

Me levanté de la silla con presteza y me acerqué a Gonzalo, mientras Ana Paula nos miraba.

—Este es Gonzalo el de la columna de Economía. Tranquila tiene por costumbre aparecer repentinamente. —Y seguí— Rebecca es quien escribe la columna de Sociales y Farándula, tiene que asistir también.

—Mucho gusto, Gonzalo— Y Ana Paula le estrechó la mano sonriendo— Pues claro están invitados, seremos el tema de moda toda la semana próxima.

— Finalmente te conozco, solías asistir al instituto con Vanessa mi prometida.

—¿Vanessa la productora de Hola, Madrid?

—Ella misma.

—Pues llévala contigo, hace muchísimo tiempo que no la veo. ¿Van a casarse?

—Estamos planificando todo para la primavera.

—Que feliz me hace, que afortunada es Vanessa— Me miró — Lucía, te espero en nuestro restaurante favorito a las 12am del mediodía. Gonzalo un placer, por favor saluda a Vanessa de mi parte.

La miramos pavonearse hacia el ascensor y Gonzalo susurró:

—Es bastante guapa en persona.

—Que pequeño es el mundo, Vanessa y Ana Paula fueron compañeras en el instituto. No me lo habías mencionado.

—Lo había olvidado —Suspiró y añadió sacudiendo sus manos en el pantalón — Pues vamos a trabajar hay mucho que hacer.

—Lo has dicho colega, tu le darás a Rebecca la buena nueva.

—Está bien, yo me encargo.

Preparé mi artículo del día siguiente con calma, el tema me apasionaba y las palabras fluían como un manantial viviente por mi cabeza, fue fácil entretejer las palabras, era como si elaborara una obra de arte en mi mente y la redactara en el ordenador. Lo edité y le dí los últimos detalles antes de enviárselo al jefe.

Comimos alegremente, Ana Paula relucía felicidad. Sentí curiosidad por saber el motivo. Sin embargo asumí que era por el evento del fin de semana, había muchísimo dinero de por medio, socios, empresas, franquicias, deportistas, miembros, medios de comunicación, etc. Discutimos los detalles de la exclusiva que quería darnos al periódico. El señor Uzcategui me había concedido total libertad y por supuesto me hizo saber que lo hacía por Ana Paula y no por mí. Trató de explicarme el protocolo de la reunión, la etiqueta, las comidas, el bufé, los eventos deportivos y musicales y por supuesto su desfile. Ella siempre se aseguraba de proveerme qué vestir, ya me había predispuesto varios cambios de ropa para cada actividad del día.

© Luu Herrera ,
книга «Un Paseo Por El Cielo».
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