Capitulo #1: Atardecer
Capitulo #1: Atardecer
Todo estaba oscuro, existía una falta de aire total y el agua estaba por todas partes. Siempre había existido en mí ese miedo terrible y totalmente irracional al mar y a todo lo que tuviese que ver con él, incluso la playa no era de mi agrado. Es por eso, supongo, que toda esta situación me resultaba un poco irónica, ¿tenía que ser justo aquí? Precisamente rodeados de mar nos daríamos nuestro último adiós.
No había asistido mucha gente la verdad, solo unos cuantos amigos y la familia más cercana. El olor a mar y a marisco inundaba el lugar, la playa estaba tranquila, el mar parecía un plato y no había una sola ola en todo el horizonte, todos decían su último adiós y se despedían con lágrimas en los ojos. Yo, por mi parte, solo podía mirar cómo el sol se ponía en el horizonte y los colores del ambiente cambiaban minuto tras minuto. Todo aquello parecía un cuadro impresionista de Monet –pensé- había un gran dramatismo en esa escena.
Entonces recordé el sentimiento de pérdida más grande que había sentido hasta ese momento, fue cuando perdí a mi hermano. Apenas tenía yo trece años, cuando fui a despedirlo en el cementerio de Colón junto a mis padres, nunca los había visto llorar tanto en la vida como ese día y razones no les faltaban, los padres no deberían enterrar a sus hijos y mi hermano solo tenía diecisiete años cuando falleció. Poco antes de morir – y este es uno de los últimos recuerdos que tengo de el- me hizo prometerle que seguiría mis sueños y me convertiría en la mejor artista que este país jamás había conocido. Hoy puedo decir que esa promesa la cumplí. Sin embargo no fue fácil, el camino que me trajo hasta aquí fue largo y a veces agotador. En muchas ocasiones me sorprende siquiera haber llegado a donde estoy, los últimos diez años de mi vida han sido una verdadera locura. Con todo lo sucedido cada vez me resulta más difícil encontrar el inicio, el momento exacto donde todo cambio y la vida se volvió más interesante  y a la vez, todo hay que decirlo, mucho más complicada.







Apenas una década atrás, tenía veinte años y hacía ya dos que me había graduado de La Academia de Bellas Artes. Mi carrera empezaba a despegar, había realizado algunas exposiciones personales y otras colectivas dentro y fuera del país y había compartido espacio con algunos artistas relevantes del país. Mi nombre y sobre todo mi apellido “Travieso” comenzaban a llamar la atención de algunas personas importantes del mundo del arte aquí en Cuba. La verdad había tenido suerte, mi familia no solo era acomodada, sino que mi madre es, digamos que una gran admiradora de las artes visuales y desde joven se dedicó al coleccionismo, era una especie de afición, una que la llevo a conocer a muchas personas del mundillo (artistas, galeristas y otros coleccionistas) que resultaron de mucha ayuda en el inicio de mi carrera. Desde mi graduación en la academia tome la decisión de aplazar un poco mi entrada en el ISA para desarrollar un poco más mi obra y ese año finalmente ingrese.
A decir verdad la idea de pasarme cuatro años más estudiando cuando podría usar ese tiempo para pintar y todo por la simple obtención de un título me parecía una pérdida total de tiempo, pero lo hacía para complacer a mis padres en sus ansias de que su hija fuera graduada universitaria. En fin cosas de padres.
El año se desarrollaba bastante bien, a pesar de mis ausencias tenia excelentes calificaciones y estaba terminando las obras de mi próxima exhibición para la cual la galería me había dado un plazo de 6 meses, solo me quedaban dos para terminar, sin embargo había algo que no acababa de  cuadrar. Las obras parecían sumamente superficiales, no había un verdadero trasfondo en ellas. Eran retratos de mujeres hermosas en situaciones completamente cotidianas. Vamos el tipo de obras que son perfectamente comerciales, pero a mí no me acababa de convencer que fuese aquello lo que yo quería. Por otro lado a todo mundo parecía gustarle aquellas pinturas.
Estaba en mi estudio trabajando cuando me llama mi amigo José. Apenas contesto el teléfono cuando sin siquiera saludar comienza a reprenderme por estar desaparecida. Entonces caigo en cuentas de que llevo cerca de tres días sin siquiera salir del estudio.
-Ale, estas ahí- pregunta tras unos segundos- llevas días sin aparecer por clase
-sí, ya se he estado trabajando y sabes cómo me pongo cuando estoy en una pieza
-lo sé, lo sé, pero estaba preocupado- me dice con un tono de enfado reprimido- ni siquiera me has llamado, no he sabido que decir cuando preguntaron por ti en clase- recordé que ese dia era la crítica de los trabajos
-me imagino que Gerardo no debe de haber estado muy contento por mi ausencia en el taller- Gerardo es el profesor del taller de crítica- ya hablare con él no te preocupes
-tranquila el sabe que estas con lo de tu expo y de cualquier forma ya había visto tu trabajo, no creo q tengas problemas con él- me dijo tratando de quitarle importancia al asunto- hoy vamos con estos al Espacio- un bar que frecuentamos con un grupo de amigos- te apetece llegarte, hace un buen tiempo que no disfrutamos de tu compañía- dice en tono burlón- y la verdad que estaría genial tener transporte jajaja
-serás descarado- le respondo a modo de chiste- pero la verdad me vendría bien desconectar un rato, venga vale me apunto
- jejeje sabía que no te podrias resistir, entonces pasas por mí a las 10?
-dale nos vemos a las 10, pero a las 10 estás listo que nos conocemos- le advierto, y continuo jodiendo- si no lo estás te dejo y vas caminando
-que no mujer que a las 10 estoy en la puerta esperándote- me responde en tono serio
-bueno vale nos vemos al rato, chao
-ciao- se despide
Apenas cuelgo el teléfono veo el reloj- son las ocho y media- reflexiono en voz alta, debo apresurarme queda poco tiempo y mucho por hacer…
Una vez bañada y vestida me preparo algo rápido de comer ya son las nueve y media así que solo me da tiempo a preparar algo ligero. Tomo un pan le unto un poco de mayonesa y un pedazo de jamón que encontré en el refrigerador, quedaba un poco de jugo del desayuno así que aprovecho y lo tomo. Al terminar de comer me apresuro por la puerta si demoro mucho no hay quien aguante a José después. Logro llegar justo a tiempo a su casa, sin embargo, al parecer aún no está listo, sueno el claxón del carro y sale Lidia, la mamá de José- esta aun en el baño- me dice desde la entrada de la casa asomando su cabeza-baja y lo esperas dentro, estoy haciendo café- no me sorprendía para nada que no estuviese listo aún era típico de él demorarse cada que salíamos, pero no me molestaba más que nada porque me encantaba tener la oportunidad de tomar un café con Lidia mientras lo esperaba. Baje del carro y entre a la casa, pase directamente a la cocina donde Lidia estaba preparando el café y dimos un poco de cháchara ella bromeo sobre como José tardaba más que una mujer en prepararse para salir y yo reí su comentario. Después de unos minutos, apareció José en la cocina, al parecer listo para irnos, me saludo con dos besos y me pidió disculpas por la tardanza, Lidia y yo intercambiamos sonrisas, José se despidió y agradeciendo el café salimos por la puerta nos montamos en el carro y minutos más tarde llegamos a Espacio.
Apenas estacione el carro entramos al bar, el cual estaba repleto de gente, José pudo ubicar a nuestros amigos desde la elevación de la entrada – allí están, cerca del final de la barra- lo seguí y llegamos al fin a la mesa donde estaban ellos. Intercambiamos saludos y algunos comentaron como hacían rato no compartíamos. Alicia sugirió hacer una colecta para comprar una botella- vamos no sean agarrados – dijo en tono burlón, todo el mundo puso algo de dinero y luego acompañe a Ali a la barra a pedir- una botella de Valentine por favor- se dirigió al chico de la barra- y una cristal para mí por favor- agregue yo
-¿No tomas con nosotros?- se dirigió a mi interrogante
-no, vengo en el carro -conteste-  con una cerveza es más que suficiente, prefiero no tomar si manejo.
De pronto gire mi vista hacia la puerta de la entrada y no sé si por casualidad, o por cosas del destino, en ese preciso momento una mujer fascinante hacia su entrada majestuosa, todos los que se encontraban cerca tuvieron que girar a verla, y ella actuaba como si conociera a todo el mundo o bien como si no conociera a nadie.
No sabría decir si los que hablaban con ella lo hacían fascinados por su belleza, o porque la conocían, pero ella los trato a todos con la misma despreocupación e indiferencia, y continúo caminando hasta sentarse en el inicio de la barra completamente sola. Eso evidentemente solo hizo que las personas se le siguieran acercando poco a poco y uno tras uno se regresaba  con una negativa. Yo me devolví a la mesa con mis amigos y me quede observándola desde lejos. José me miro y sonrió- nunca he dudado de tu buen gusto, pero no hay manera alguna de que eso pase- no le respondí me quede admirándola un poco más y luego intente llamar su atención. Sin embargo ella no miraba nunca en mi dirección lo cual, despertó aún más mi curiosidad. Me levante y me dirigí a ella, pero no sin antes pedirle al bar tender que le pusiese otro trago como el que ella tomaba. Me senté a su lado  y a pesar de que ella no pareciese para nada interesada, me dispuse a conocerla.
Al cabo de un rato y de unas copas no sabría explicar bien como sucedió o porque pero Sara- ese era su nombre- me había invitado a continuar la noche en su casa la cual no se encontraba muy lejos me comento. Y así fue como recogí mis cosas, nos dirigimos a la salida a por mi carro y nos encaminamos rumbo a su apartamento…

© Daniela Aguila,
книга «Memorias de un romance».
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